Parroquia: comunidad de comumidades
Miércoles de la XX Semana del Tiempo Ordinario
Libro
de Ezequiel 34,1-11.
La palabra del Señor me llegó en estos
términos: ¡Profetiza, hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel!
Tú dirás a esos pastores: Así habla el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que
se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar el
rebaño?
Pero ustedes se alimentan con la leche,
se visten con la lana, sacrifican a las ovejas más gordas, y no apacientan el
rebaño.
No han fortalecido a la oveja débil, no
han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la
descarriada, ni han buscado a la que estaba perdida. Al contrario, las han
dominado con rigor y crueldad.
Ellas se han dispersado por falta de
pastor, y se han convertido en presa de todas las bestias salvajes. Mis ovejas
se han dispersado, y andan errantes por
todas las montañas y por todas las colinas elevadas. ¡Mis ovejas están
dispersas por toda la tierra, y nadie se ocupa de ellas ni trata de
buscarlas!
Por eso, pastores, oigan la palabra del
Señor. Lo juro por mi vida -oráculo del
Señor-: Porque mis ovejas han sido expuestas a la depredación y se han
convertido en presa de todas las fieras salvajes por falta de pastor; porque
mis pastores no cuidan a mis ovejas; porque ellos se apacientan a sí mismos, y
no a mis ovejas; por eso, pastores,
escuchen la palabra del Señor:
Así habla el Señor: Aquí estoy yo contra
los pastores. Yo buscaré a mis ovejas para quitárselas de sus manos, y no les
dejaré apacentar mi rebaño. Así los pastores no se apacentarán más a sí mismos.
Arrancaré a las ovejas de su boca, y nunca más ellas serán su presa. Porque así habla el Señor: ¡Aquí estoy yo! Yo
mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él.
Esta palabra es totalmente actual. ¿Está llamado el pastor a
comer y beber mientras el rebaño es atacado por el lobo?
Está a punto de desplegarse en América
la Misión Continental, ya que la Iglesia ha visto que es necesario trabajar a
nivel de pequeñas comunidades. Hace poco, en una parroquia a la que entré ví un
letrero que decía: “La Parroquia es comunidad de comunidades.” Esta es una de
las conclusiones de la reciente conferencia Episcopal de Aparecida.
Inmediatamente me asaltó una pregunta: “¿Será que el párroco de este templo se
cree esta afirmación?”.
En efecto, en el documento
conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe, numeral 5.2.2, se determina:
5.2.2 La Parroquia, comunidad de comunidades :
170. Entre las comunidades eclesiales, en las
que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las
Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el
que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la
comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión. Uno de
los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América Latina y
El Caribe, con motivo de la preparación de la V Conferencia
General, es el de una valiente acción renovadora de las Parroquias a fin de que
sean de verdad “espacios de la iniciación cristiana, de la educación y
celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y
ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de
movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de
sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las
realidades circundantes”.
Es decir, los Obispos han visto
bien que la parroquia acoja la diversidad de carismas, que alimente, dirija y
aliente la presencia de comunidades eclesiales que, unidas al párroco, sean
signo de vivencia de la fe tanto en la manifestación cotidiana como en la
expresión litúrgica. Contrario a esto no es extraño encontrarse con sacerdotes
que persiguen los movimientos y carismas que la misma iglesia ha acogido.
Muchas veces se encuentra más interés en el propio alimento del pastor que en
la protección de las ovejas. Porque es muy fácil acomodarse, es la tendencia
natural. Con frecuencia se da gusto a la tentación de atender el propio interés
y se olvida el interés general; se defiende el propio orgullo, se satisface el
deseo de reconocimiento por el liderazgo y se deja de lado la humildad que debe
ir por delante de quien apacienta un rebaño. Y esto ocurre con carismas
totalmente reconocidos por la Iglesia, que son perseguidos por los párrocos que
prefieren obedecer a sus propios criterios que mantener la comunión con sus Obispos
y con el Papa.
Hay toda una pastoral dedicada a
mantener el rebaño del corral, el que se encuentra encerrado por su propia
falta de voluntad para conocer y profundizar la fe. Entonces se cree,
erradamente, que la función de la parroquia es celebrar una misa y tener
algunos sacramentos que mantengan este estado de cosas. Mientras tanto las
ovejas se dispersan, se van en pos de otros que ofrecen leche contaminada, pero
que ofrecen, que se toman la molestia de bajar hasta el rebaño y acompañar al
feligrés desconcertado. Y la tarea les resulta fácil, porque este no ha podido
ver el amor de Dios en sus pastores.
En la evangelización actual hemos
olvidado que el mandato ha sido el de anunciar el amor de Dios. Ahora estamos
más interesados en mostrar al desconcertado que María no tuvo relaciones
sexuales, que no hubo hermanos de Jesús, que la Biblia dice esto o aquello. Y
dejamos de lado el amor de Dios. Claro que todo eso es importante, pero solo
será comprendido cuando sintamos ese amor de Dios. Yo mismo he creido en la
Palabra de Dios cuando me he sentido amado por Él. Fue entonces cuando ví que
por ese amor, fue posible que María le fuese fiel a Él, fue posible que José se
sintiese indigno de tocar a María, a pesar de que ella fuese su esposa, y
respetara esa intimidad con Dios. No por razones humanas se entiende esto, no
por versiculos de la Biblia.
Entonces, gran parte del problema
de nuestra evangelización se resume en que muchos de nuestros pastores no creen
en esa frase tan significativa: “la parroquia es comunidad de comunidades”. Es
importante que no nos llamemos a engaños, ya que por el bautismo hemos sido constituidos
todos los bautizados en “pastores” del rebaño. Con el bautismo nos han hecho
sacerdotes, profetas y reyes. Así que, estamos llamados a pastorear. Por eso
esta lectura inicial aplica a nuestro compromiso cristiano, a nuestra
particular vivencia de la fe.
Efectivamente, la parroquia es
comunidad de comunidades. Y esto es así, porque es el Espíritu Santo quien
entrega los carismas a su gusto y según la necesidad del propio pueblo de Dios.
Nadie puede obligar a que una parroquia albergue un carisma que no se le ha
dado, pero, ¡ay de aquel pastor que persiga un carisma dado por el Espíritu
Santo a los feligreses! Es necesario acoger y promover las manifestaciones que
Dios ha permitido para la conversión de su pueblo. Y es necesario anunciar, con
el amor, con la propia vida; evangelizar con el testimonio, porque hemos sido
enviados como testigos del amor de Dios. Para evangelizar no basta con preparar
las preguntas que creemos nos van a hacer. Esto es lo de menos. Nosotros no hemos
sido enviados a resolver dudas, hemos sido enviados a una sola cosa: a
testimoniar el amor de Dios, quien, en un acto de suprema misericordia,
planeado desde el mismo inicio de la creación, nos entregó a su Hijo para que,
venciendo Él la muerte, la venciera de una vez por todas para nosotros.
Héctor E. Roldán H.
Agosto 27 de 2010
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