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¿QUÉ
SON LAS COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE? -CEBs-
En
su mensaje a los líderes de las comunidades de base de
Brasil,
(L'Osservatore Romano, 10 de agosto 1980, edición castellana),
Juan Pablo II afirma: "(Las comunidades eclesiales de
base) son comunidades orgánicas para mejor ser
Iglesia".
ENLACES:
¿Qué
son las Comunidades Eclesiales de Base?
La
Comunidad Eclesial de Base
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 | TESTIMONIOS
Pues
la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os
anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se
nos manifestó (1Jn 1, 2).
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“Soy
un buen católico: voy a misa todos los domingos y en las fiestas de
guarda, estoy en un grupo de oración, doy limosna, me confieso y
comulgo, no robo, ni tampoco he matado a nadie...”
Si
a esto se reduce ser un buen católico, Cristo ha perdido su
venida. Porque no fue por estos por quienes ofrendó su vida en la cruz.
Él se dirigió a los pecadores, rechazando a los fariseos, los buenos de
la época, los que iban a las sinagogas y oraban exponiendo sus
virtudes. Zaqueo y
Mateo habían robado, Pedro utilizó su espada hiriendo a un soldado y
Pablo participó en el asesinato de cristianos. En el Antiguo Testamento
vemos como Dios se valió de idólatras como Abraham, de asesinos como
Moisés y David, de engañadores como Jacob.
Para
poder saber si se es un buen católico y, en definitiva, un buen
cristiano, hay que responder afirmativamente algunas preguntas mas
profundas:
¿Amo a mis enemigos?
¿Pongo la otra mejilla
cuando me atacan, o me defiendo o contraataco porque me siento
vulnerado?
Cristo,
Dios Hijo, en la cruz no se sintió vulnerado ni exigió sus derechos
Divinos. Desde su pasión sólo escuchamos “Padre... hágase tu voluntad”
(Lc 22, 42).
Cuando doy limosna, ¿doy
de lo que me hace falta?
La
Viuda del relato bíblico (Cf. Mc 12, 41-44) dio poco, pero dio todo
cuanto tenía. El joven rico partió triste cuando comprendió que para
seguir a Cristo necesitaba vender todos sus bienes y dar el dinero a
los pobres (Cf. Mc 10, 17-22).
No
me hago buen cristiano dando las sobras de mi vida. Estamos llamados
por Cristo para dar hasta nuestra propia vida. Así que vender todos los
bienes es poco si no estamos dispuestos a ofrendar nuestras vidas (Cf.
Mt 11, 37-39).
¿Me
he convertido a Cristo? ¿He dejado que Dios penetre en mi vida, he
abierto mi corazón para que en él nazca continuamente Jesús? La
conversión es un proceso continuo. Me convierto continuamente, día a
día, momento a momento. Porque hay uno que continuamente quiere
engañarme, que me grita al oído que Dios no existe, o que Dios no me
ama, que no es posible que Dios haya creado un mundo con pobres, con
injusticias. Que es imposible que Dios me ame si se enferman o mueren
mis seres queridos, si mis hijos han caído en la drogadicción o si no
puedo realizar mis proyectos. Hay uno, el demonio, que te incita a
defenderte, a realizarte al margen del plan de Dios. Es por eso que el
verdadero cristiano está en permanente conversión.
¿He
sentido la acción de Dios en mi vida? ¿He sentido el paso de Jesús en
mi historia? En otras palabras, ¿tengo un memorial válido que me
permita ser testigo de Cristo? Vemos cómo de todos lados nos llegan
personas con las
Escrituras en las manos hablándonos de citas y citas, como una lección
aprendida, una ley sin vida. Porque allí falta lo esencial: la Palabra
de Dios es una espada de dos filos que penetra a lo más profundo del
ser para sanar: corta y sana. Y si sana es porque deja un efecto
visible en nuestra vida, algo que no sólo yo siento, sino que puedo
mostrar y que los demás pueden ver. Si estoy en conversión, es porque
Dios ha actuado en mi vida, y si Dios ha actuado, tengo un testimonio
para mostrar al mundo. Porque Dios llama a cada uno a ser su testigo, a
mostrar cómo su amor nos transforma, cómo la historia que tiene para
nuestra vida, para mi vida en concreto, ha estado bien; para manifestar
cómo, a través del sufrimiento o de la felicidad, Dios se ha hecho el
encontradizo conmigo, permitiéndome que le encuentre.
En
esta página no verás buenos católicos. Jesús le dijo [al joven rico]: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno
sino sólo Dios” (Mc. 10, 18). Pero encontrarás testimonios de
conversión. Encontrarás seres humanos pecadores que pueden manifestar
cómo Dios ha transformado sus vidas, rescatándolos de la muerte del
ser, de la muerte por el pecado, y haciéndoles presente desde ya la vida
eterna; hombres que necesitan, más que nunca, seguir en conversión. Hombres débiles a quienes Dios hace fuertes. |
Sitio
en construcción
Ofrecemos disculpas por la incomodidad causada. |
 Benedicto XVI y los
fundadores del Camino Neocatecumenal: de izquierda a derecha Kiko
Argüello, Carmen Hernández y el Pbr. Mario Pezzi
 Benedicto XVI y los
fundadores del Camino Neocatecumenal.
 Juan Pablo II y el fundador de Comunión y Liberación, Don Luigi Giussani
 Juan Pablo II y la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich
 Juan Pablo II y el fundador del Opus Dei, San José María Escrivá
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