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"Orar
es elevar el alma a Dios". Para dirigirnos directamente a nuestro
Creador
sólo se requiere abandonar nuestro escándalo interior y aquietar
nuestro
espíritu enfocando nuestro pensamiento en alabanza, petición o
bendiciones.
También lo podemos hacer mediante la intercesión de los Santos,
admitida por la
iglesia: “Lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos
y lo que
desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16,
19). Esta
intercesión está validada por las Sagradas Escrituras: “…¿No
habéis
leído aquellas palabras de Dios cuando os dice: Yo soy el Dios de
Abraham, el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de
vivos.” (Mt
22, 31-32). Así como pedimos a los nuestros que oren por
nosotros, igual
podemos pedir a quienes comparten ya en la comunidad de los Santos,
vivos
también, que intercedan por nosotros: "Y por mano del Ángel
subió
delante de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los
santos." (Ap 8, 4; Cf. Ap 5, 8), conformando un solo cuerpo,
el cuerpo
de Cristo :
"Pues
por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo
Espíritu. Así
pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los
santos y
familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y
profetas,
siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien
trabada
se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también
vosotros
estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el
Espíritu.” (Ef
2, 18-22)
Así,
pues, la intercesión de los Santos está totalmente fundamentada en las
Escrituras.
Podemos
orar repitiendo unas palabras. Ni siquiera es requisito hacerlo
concientemente.
Recordemos que Dios se ha hecho una oración de la boca de los niños de
pecho
(Cf. Mt 21, 16; Sal 8, 3): el primer balbuceo, “Abbá”, ya es una
alabanza.
Podemos orar también meditando en los misterios de la Historia
de la
Salvación o expresando
nuestras necesidades al Señor. Pero, y ésto es bien importante,
cualquiera que
sea la forma que elijamos, debemos hacerlo con sencillez,
reconociéndonos
pecadores, pidiendo el perdón y perdonando (Cf. Mt 6, 5-15).
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LOS MISTERIOS DEL SANTO
ROSARIO
Contrario
a lo que se difunde por las sectas,
el Santo Rosario es una oración bíblica, ya que está expresada desde
las mismas
páginas del Nuevo Testamento. Es también una especie de mandato para
los
creyentes, ya que la propia Virgen María profetizó su beneración:
Y
dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto
los ojos en
la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones
me
llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el
Poderoso, Santo es su nombre». (Lc 1,
46-49)
El AVE MARÍA, cuya repetición conforma las rosas de esta oración, está
compuesto, fundamentalmente, por la salutacion del Arcángel
San Gabriel a
María:
«Alégrate,
llena de gracia, el Señor está
contigo.» (Lc 1, 28)
Continúa con el saludo de su prima, Santa Isabel, inspirado por el
Espíritu
Santo:
«Bendita
tú entre las mujeres y bendito el
fruto de tu seno.» (Lc 1, 42)
A este saludo sigue la aclamación de los
creyentes que suplicamos:
«Santa
María, Madre de Dios, ruega por
nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».
Recordamos aquí su papel de intercesora, como en las bodas de Caná de
Galilea,
cuando faltó el vino:
Y,
como faltara vino, porque se había acabado el vino de la
boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le responde:
«¿Qué
tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre
a los
sirvientes: «Haced lo que él os diga.»
(Jn 2, 3-5)
Y
termina el Ave María con el amén, el fiat que
ella misma expresara para
aceptar la voluntad de Dios.
Esta oración se repite por cincuenta veces, así como el niño de pecho
repite el
"Abbá". Dichas repeticiones están agrupadas en cinco decenas,
encabezada y cerrada, cada una, por el "Padre Nuestro" y el
"Gloria", respectivamente. A cada decena corresponde un
misterio
de meditación que sintetizaremos a continuación:
Para los días domingo y miércoles se rezan los misterios
Gloriosos que
comprenden: La resurrección, La ascención, La venida del Espíritu
Santo, La Asunción
de la Virgen María
y la Coronación
de Nuestra Señora como Reina de la Creación.
Para los días lunes y los
sábado se rezan
los misterios Gozosos que comprenden: La Anunciación
o Encarnacón, La Visitación,
El Nacimiento de Jesús, La Presentación
y El Niño Perdido y hallado en
el Templo.
Para los días Martes y Viernes se rezan los misterios
Dolorosos que
comprenden: La Oración
en el Huerto, La Flagelación,
La Coronación
de Espinas, Jesús con la Cruz
a Cuestas y la Crucifixión.
Finalmente, el Papa Juan
Pablo II
incluyó para los Jueves la práctica de los misterios
Luminosos que
comprenden: El Bautismo, La
Autorrevelación en Caná, La Promesa
del Reino, La Transfiguración
y La Institución
de la Sagrada Eucaristía.
Hay páginas excelentes
con ilustraciones y
explicaciones sobre estos misterios, por lo que le invitamos a visitar
algunos
de estos sitios:
Enlaces:
CATALINADESIENA:
El
Santo Rosario
ACIPRENSA:
Los
Misterios del Rosario
Meditaciones
en los Misterios
Consultar:
Carta Apostólica Rosarium
Virginis Mariae de Juan Pablo II
| Quienes practicamos la
devoción del Santo Rosario experimentamos su gran ayuda para la
obtención de la pureza y para el fortalecimiento de la unidad familiar. |
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SACRAMENTOS
Y LOS MISTERIOS DE LA LUZ
De
un modo admirable e indudablemente por inspiración del Espíritu Santo,
el Papa
Juan Pablo II nos dejó toda una catequesis sobre los sacramentos
sintetizada en
los misterios de la luz que incluyó para los jueves en la práctica de
la
oración con el Santo Rosario a la Virgen María
Al
meditar estos misterios queda claramente presentada la institución de
los
sacramentos confiados a la Iglesia y bajo el amparo
protector de María, Madre de Dios.
Primer
Misterio Luminoso: El Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo (Mt 3, 13-17)
Jesús
es el Primogénito de la Creación (Col 1, 15s) y
como tal, recibe las primicias del
bautismo en agua y Espíritu: agua que regenera y Espíritu que da Vida.
Este
bautismo se convierte en mandamiento cuando Jesús resucitado ordena a
sus
discípulos:
"Id,
pues, y haced discípulos a todas las gentes,
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles todo lo que yo os he mandado"
(Mt 28, 19s; Cf. Hch
16, 33s).
Es
un mandato para llevar el bautismo a todas las gentes. Y así como Jésus
fue
circuncidado a los ocho días de nacido, sin su voluntad, como un regalo
de la
fe de sus padres, así también la Iglesia está llamada a
bautizar sin ninguna consideración de
edad, "a
todas las gentes".
Luego viene la aceptación voluntaria de la misión del cristiano (ser
soldado de
Cristo), en la confirmación (Cf. Lc 22, 32).
Segundo
Misterio Luminoso: La Autorrevelación en Caná
(Jn 2, 1-12)
El
primer milagro de su vida pública lo realiza Jesús en una boda, siendo
esta la
autorrevelación de su Misión Mesiánica. Allí pone lo que faltaba: el
vino.
Cuando invitamos a Cristo a hacer parte de nuestro matrimonio, su
regalo de
bodas (por decirlo así), es su continua disponibilidad para convertir
nuestra
agua en vino. Él le dará el sabor a las dificultades y limitaciones
surgidas
con tal que se las presentemos.
El
sacramento del matrimonio es un signo por el cual pedimos y aceptamos
la
participación de Dios en la nueva e inseparable unión: "Lo que Dios ha unido, no lo
separe el hombre"
(Cf. Mt 19, 6). Es en el seno de la familia bendecida por Dios donde se
presenta Dios a los hijos.
Tercer
Misterio Luminoso: El Anuncio del Reino (Lc 17, 22-30)
Si
bien, el bautismo nos hace sacerdotes, profetas y reyes y, por tanto,
todos
recibimos el mandato de anunciar el Reino de Dios, de predicar la Buena Nueva,
este
mandato queda explicitado de modo especial para aquellos que el Señor
se ha
reservado para su servicio, Obispos y Sacerdotes, mediante la
imposición de las
manos en el sacramento del Orden (Hch 6,6; 14, 23; 15,2; Cf. Mc 3,
13-19)
Cuarto
Misterio Luminoso: La Transfiguración (Mt 17,
1-8)
Este
es un misterio impresionante, en el que Jesús aparece radiante frente a
dos personajes
que habían recibido la Revelación: Moises y
Elías.
Hay
una transfiguración que Dios hace en quienes la conversión revela la
participación de Dios en la Historia, una
transfiguración que realmente hace luminosos
los rostros porque nos rescata de la muerte que habíamos adquirido por
causa
del pecado. Mediante el sacramento de la reconciliación Cristo nos dejó
un
especial modo de transfiguración (Mt 16, 19) por el cual nos atraemos
las
gracias del Espíritu Santo, y con ellas la más importante, la gracia
santificante (Cf. Hch 2, 38; 3, 19)
La
unción de los enfermos es tambien un sacramento de conversión, un signo
de la
trasfiguración. Por él la Iglesia y el enfermo
mismo invocan la sanación (Mc 6, 13; St
5, 14) y el perdón de los pecados.
Quinto
Misterio Luminoso: La institución de la Eucaristía
(Lc 22, 19-20)
Si
los anteriores misterios son grandes, este
es de los mayores (comparable solo a la encarnación del Verbo). Por el
misterio
de la encarnación el Hijo se hace carne. Por el misterio Eucarístico el
Hijo se
ofrece como alimento para los hombres, haciendo la carne del hombre una
sola
con la suya. En la comunión quedamos injertados como sarmientos a la
vid, nos
regala la unidad.
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SANTO
ROSARIO PARA CAMINANTES (MP3)
Mientras
vamos por la calle, o mientras nos desplazamos en un
bus, en el metro, en nuestro carro, estamos desperdiciando muchas veces
nuestro
tiempo, pensando en cosas que no nos hacen crecer, acogiendo los miles
de
tentaciones que la sociedad nos muestra para alejarnos de la
realidad e
introducirnos en el mundo fantacioso del consumismo. O tal vez
utilizamos
nuestro tiempo para dejar anidar el disgusto por el que no ha respetado
las
señales de tránsito o nuestra intransigencia con el mendigo. O, quizas
vamos
con la mente puesta en los problemas que nos esperan en la oficina o en
la
casa. Qué se yo, son tantas cosas.
Pués
este tiempo que malgastas de este modo es
fabuloso para rezar. Te proponemos este rosario, quince minutos que
puedes
dedicar a la Virgen María
y a los Misterios de la Salvación,
oyéndolo en tu aparato de MP3.
Sigue
el Santo Rosario en Power Point
Para
escuchar y seguir, haz click sobre el enlace. Para descargarlo a tu PC
haz
click con el botón derecho de tu mouse y selecciona "Guardar destino
como..."
:
MISTERIOS DOLOROSOS
(martes y viernes - 19 minutos)
: MISTERIOS GOZOSOS
(lunes y sábados - 19 minutos)
: MISTERIOS GLORIOSOS
(miércoles y domingo - 19 minutos)
: MISTERIOS LUMINOSOS
(jueves- 19 minutos)
Aquí se ha
comprimido un poco el Santo Rosario, para hacerlo ágil y permitir su
uso por
caminantes que realizan correrías de un cuarto de hora: EL SANTO ROSARIO PARA CAMINANTES
EN MP3.
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LAUDES,
LA ORACIÓN DE LA IGLESIA
"Las
Laudes matutinas están dirigidas y ordenadas a santificar la mañana.
Además,
esta Hora, que se tiene con la primera luz del día, trae a la memoria
el
recuerdo de la Resurrección
del Señor Jesús, que es la luz
verdadera que ilumina a todos los hombres (Cf. Jn 1, 9) y "el sol de
justicia" (Ml 3, 20), "que nace de lo alto" (Lc 1, 78). Por esto
hay que bendecir al Señor con la oración de la mañana."
Nums.
37 y 38, de la Ordenación General
del Oficio Divino
Enlaces:
ACIPRENSA:
Laudes y
Vísperas
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Con
esta meditaciones queremos invitarlos a que nos maravillemos por la
obra del
Creador, obra que Él realiza momento a momento en nuestras vidas.
Porque cada
instante nos recrea librándonos de la muerte que hemos heredado por el
pecado
del primer hombre.
oración (formato pdf)
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Presentaciones
en formato Power Point sobre
diferentes aspectos de la vida cristiana y de nuestro compromiso.
Dile sí
a la vida
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Cincuenta
motivos para rezar el Santo Rosario:

El video ha sido hecho por Belomasán
Films   
El Rosario... aunque se distingue por su carácter mariano, es una
oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes,
concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual
es como un compendio. (Num. 1, Carta Apostólica Rosarium
Virginis Mariae - Juan Pablo II)
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| El
Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo
Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada
por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y
profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas
iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos
de santidad. (Num. 1, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae - Juan Pablo II) |

 




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